La mujer grande




Habitar un cuerpo voluminoso o simplemente grande en una ciudad como Barranquilla es acostumbrarse a que las personas, especialmente las mujeres, hagan comentarios acerca de tu cuerpo. «Estás más delgada», con alegría, como si en verdad eso significara uno de los logros más importantes en la vida de una mujer. «Te has engordado», ignorando el hecho de que todas tenemos un espejo en la casa. En mi caso, mi familia, con el pretexto de quererme, se ha dedicado a hacer vigilancia y ejercer poder sobre lo que como. Un comportamiento que ha creado resentimientos con algunas personas de la familia; es invasivo y definitivamente innecesario decirle a una persona adulta, que no te ha preguntado, lo que debe comer.

Controlar la comida, los hábitos y la forma del cuerpo es una de las formas en las que se ejerce control sobre las mujeres. En Barranquilla, si no eres una mujer delgada o pequeña, eres una anomalía y ya sea con miradas o con trato te lo harán saber. Entiendo que el sobrepeso y la obesidad no son saludables, pero como sociedad debemos dejar que las personas hagan proceso con sus cuerpos, dejarlos que se conozcan a sí mismos, que busquen ayuda cuando así lo encuentren pertinente, permitir a las personas crear una relación con su cuerpo sin interferencia externa. En realidad, nadie necesita tu ayuda para definirse como gordo o para decidir que tiene que dejar de comer.

La gordura es un tema que hace fácilmente conversación entre las mujeres. Una vez más, es un sistema de control y de exclusión de las personas que no se ven como la mayoría quiere que se vean. Creo firmemente que es momento de soltar ese deseo de controlar los cuerpos grandes y voluminosos. Es una mejor época para mirar hacia dentro y crear relaciones más horizontales y naturales con nuestro cuerpo. Definitivamente, para ser más amables con quienes encontramos diferentes o, más grandes, al estándar.